UNA APORTACIÓN: EL TEST GESTÁLTICO VISOMOTOR DE
LAURETTA BENDER
La psicología de la Gestalt hizo sus
aportes en diferentes campos, fundamentalmente en la medicina psicosomática, en
las teorías del aprendizaje y en la psicología institucional y social, en
especial en la construcción de la Dinámica de Grupos, teoría elaborada por Kurt
Lewin.
Se tomará puntualmente una técnica de
exploración psicológica cuyos fundamentos teóricos están basados en la Teoría
de la Gestalt, ésta se conoce como test de Bender, elaborado por su autora
entre los años 1932 y 1938.
La prueba de evaluación consta de nueve
tarjetas, que se le dan al entrevistado de a una por vez, y que éste debe
copiar. La administración del test es muy simple. Los gráficos de estas
tarjetas fueron tomados por Lauretta Bender, directamente de las experiencias
realizadas por Wertheimer para dar cuenta de cómo se organiza el campo
perceptivo.
Lo que surge de esta evaluación sirve
fundamentalmente para determinar el nivel de madurez en niños (aunque también
se lo administra a adultos con el mismo fin), también detecta lesiones
cerebrales, demencias, síndromes orgánicos en general.
Bender define la función gestáltica
como aquella función del organismo integrado por la cual este responde a una
constelación de estímulos dada como un todo, siendo la respuesta misma una constelación,
un patrón, una gestalt.
La relación que se produce entre la
tarjeta (el estímulo) y el estado de integración del organismo es lo que
determina el patrón de respuesta.
Considera que la función gestáltica
visomotora está asociada a la capacidad del lenguaje y a diversas funciones de
la inteligencia, como la percepción visual, la memoria, la habilidad motora
manual, los conceptos temporo- espaciales y la capacidad de integración.
Por lo tanto un proceso patológico a
nivel cerebral no permite la organización del campo fisiológico en el cerebro,
y por lo tanto impide que el campo perceptivo se organice de acuerdo a las
leyes antes referidas.
Se establece así la posibilidad de un
diagnóstico diferencial para patologías orgánicas, en base a que la persona
entrevistada logre o no la organización del campo perceptual, y la integración
entre lo que percibe y la respuesta motora.
Se refleja así como un desarrollo
teórico (basado en el principio del isomorfismo y en las distintas leyes de
organización del campo perceptual) brinda un aporte en el campo de las técnicas
de evaluación psicológicas (los Test).
A continuación se observan algunas de
las figuras que se encuentran en las nueve tarjetas con las que se administra
la prueba.
Emociones adictivas. Ejemplo de un tratamiento en Terapia Gestalt
Todos hemos oído alguna vez aquello de más vale malo conocido que bueno por conocer, y generalmente lo que se quiere decir con esto es que lo novedoso es potencialmente peligroso. Si no cuestionamos esta afirmación queda más que justificada la conducta de permanecer en lo malo conocido. Lamentablemente esto implica aceptar vivir insatisfechos.
La conducta aprendida
Lo cierto es que lo malo conocido puede permanecer muchos años sin causarnos ninguna molestia, pero generalmente la vida nos acaba poniendo ante situaciones en las que nuestros automatismos (nuestros patrones, nuestros “malos conocidos”) no sólo no nos sirven sino que nos abocan irremediablemente al sufrimiento. Un claro ejemplo de esto lo protagonizó el señor P, que creció viendo como sus padres sólo le dedicaban una cálida sonrisa si le veían esforzándose, de forma que, entre otras cosas, siempre le acariciaban la cabeza cuando le veían estudiando, le llevaban siempre encantados a los duros entrenamientos y le abrazaban cuando traía buenas notas a casa. Sin embargo cuando consideraban que estaba perdiendo el tiempo sus miradas eran fulminantes y se sentía aterrado. En esos momentos ya no sentía la seguridad de saberse querido y le inundaba el miedo al desamor. El señor P tuvo que aprender, como todos, a comportarse de forma que su supervivencia quedase garantizada.
Obviamente este aprendizaje tiene que ver con que durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva sólo sobrevivían los que no causaban muchos problemas a sus padres, y no con una intencionalidad consciente durante la infancia.
Así es que con este caldo de cultivo el señor P se ha convertido en un adulto adicto al trabajo que se enorgullece mucho de ello, critica duramente a los holgazanes como ya hicieran sus padres y la sensación de seguridad (y como consecuencia la ausencia de amenaza) le inunda a lo largo de sus eternas jornadas de trabajo. En realidad no es adicto al trabajo sino a las sustancias que segrega su propio organismo al trabajar (las mismas que segregaba cuando sus padres le sonreían). Es adicto a ese patrón de actividad cerebral y a la emoción que la acompaña.
Cuando la conducta aprendida te hace sufrir
Y es fácil suponer que comportarse así le habrá procurado al señor P mucho éxito económico y que ni por asomo se le habrá ocurrido nunca pensar que tiene un problema. Nunca hasta una triste mañana de hace cuatro meses en la que recibió una llamada de su mujer diciéndole que quiere el divorcio, que no puede más y que para estar siempre sola prefiere conocer a otra persona, que incluso al viaje de su luna de miel se llevó trabajo y tuvo ella que bajar todos los días sola a la playa y que, si no consigue cambiar y prestar más atención a su familia, se marchará junto a la hija de ambos para siempre.
En los segundos posteriores a esa llamada el señor P experimentó una gran activación corporal. Sintió miedo y confusión durante unos segundos pero rápido se refugió en la rabia. No podía entender a su mujer, con lo responsable que él había sido siempre…
Paradójicamente aquel patrón que tuvo que aprender para sentirse amado le estaba ahora conduciendo a la tan temida experiencia de desamor.
Paradójicamente aquel patrón que tuvo que aprender para sentirse amado le estaba ahora conduciendo a la tan temida experiencia de desamor.
La toma de conciencia
El señor P se victimizó durante varios días culpando a su mujer de su desasosiego hasta que, finalmente, asesorado por uno de sus hermanos que ya no podía soportar más sus quejas por lo injusta que era la vida, acudió a terapia.
Tras tres meses de tratamiento hemos tenido una sesión en la que el Señor P ha experimentado un gran alivio al tomar conciencia de que, lejos de ser su mujer, es él mismo quien se genera todo ese sufrimiento. En esta sesión el señor P comenzó hablando de lo mal que se había sentido el día anterior por tomarse la tarde libre. Lo hizo para acompañar a su mujer a una reunión de padres en el colegio de su hija, y la situación estaba siendo soportable para él hasta que, tras la reunión, su mujer le sugirió que fueran a tomar un café antes de regresar a casa. Fue allí, en la cafetería, donde comenzó a sentir tensión en casi todos sus músculos, se le secó la garganta y notó que le sudaban las manos. Llegó a asustarse y estuvo a punto de llamarme para preguntarme qué podía hacer. Le pedí que cerrase sus ojos y que describiese la escena en primera persona y en presente, y al hacerlo el señor P comenzó a revivir esas sensaciones desagradables que se fueron intensificando hasta que comenzaron a caer lágrimas de sus ojos cerrados. En ese punto le pregunté que qué estaba sintiendo y me dijo que culpabilidad y mucha vergüenza, y acto seguido me dijo que hacía muchísimos años que no tenía estas sensaciones y que se estaba acordando de la única vez que suspendió una asignatura. Aquel día sus padres miraron las notas y no le dijeron absolutamente nada, ni una palabra. Él quiso explicarles pero ellos no le escucharon, ni siquiera le miraron. Aquello duró varios días y fue para él horrible. Le pedí entonces que describiese esa escena del momento en que sus padres vieron su suspenso como si estuviese sucediendo en el momento y entonces su voz se suavizó y comenzó a hablar como el niño que fue, su llanto se multiplicó y le sugerí que imaginase a sus padres delante de él y que les hablase, que les dijese lo que necesitase y entonces el señor P (o mejor dicho el niño P) gritó enfadado y les dijo a sus padres imaginarios que no era justo que le retiraran el cariño de esa manera, que siempre se estaba esforzando por contentarles y que él necesitaba que le quisieran siempre y no solo cuando cubría sus expectativas. Acto seguido le pedí que girase su cuerpo 90 grados y que observase a ese niño que acababa de hablar. Su rostro cambió y el enfado dio paso a la compasión, a la auto-compasión, y de nuevo le sugerí que aprovechase la ocasión para hablarle a ese niño. Apenas pude escuchar un susurro en el que le decía que no tenía por qué sentirse culpable y espontáneamente hizo el gesto de abrazar a aquel niño. La escena era preciosa: el señor P se estaba dando a sí mismo aquello que no recibió, y parecía estar completando el ciclo de una necesidad frustrada (no por sus padres, que sin duda hicieron lo que pudieron de la mejor manera que supieron, sino por él mismo al reprimir su queja, al contener toda la tensión generada en su cuerpo).
Conclusión
Le pedí finalmente que regresara a la escena de la cafetería con su mujer y el señor P pudo revivir ese momento de ocio desde esta nueva actitud, sintiéndose protegido, auto-protegido y relajado, y descubriendo que el acontecimiento neutro “tomar café con su mujer” había sido pintado por él con los colores de la culpabilidad y la vergüenza, influido por sus experiencias previas. Y que, afortunadamente, es posible disfrutar en el descanso.
Esta experiencia por sí sola no eliminará un patrón tan fortalecido durante años y, sin duda, el señor P seguirá por mucho tiempo experimentando malestar durante los primeros segundos de su tiempo de ocio. No obstante ya sabe, ya es consciente de que es posible vivir de otro modo lo bueno por conocer.
Tras la experiencia le pedí que fuese poco a poco abriendo sus ojos y regresando al encuentro conmigo.
Tras la experiencia le pedí que fuese poco a poco abriendo sus ojos y regresando al encuentro conmigo.
REFERENCIAS
http://www.gestaltgranada.es/blog/emociones_adictivas_ejemplo_de_un_tratamiento_en_terapia_gestalt/, Publicado el 02/04/2012 por Fernando Alcina.
CASO 2
El siguiente caso ilustra la forma de operar de la terapia Gestalt en relación con los problemas de una paciente.
Una mujer deprimida, llamada Marta, se sentía "mal". Permanecía en casa con los niños todo el día, estaba muy sola y aislada. Su marido quería ser su único contacto adulto. Como su depresión continuaba, su exterapeuta y su marido creían que debían hospitalizarla. Poco a poco, fue dándose cuenta de que había estado aceptando la idea que su marido tenía sobre un estilo de vida adecuado para ella. Se percató de que quería dos cosas: una compañía adulta y comprenderse a sí misma. En ese momento, deprimida, asustada, pero decidida, acudió a la terapia Gestalt.
El hecho de evitar que Marta se centrase en lo que “no le iba bien”, la llevó á descubrir muchas posibilidades nuevas. Además de encontrar nuevos amigos, viajó a la India con una clase de antropología y redescubrió su antiguo interés por desplazarse en avión. Sin embargo, más importante que estos cambios concretos fue su descubrimiento de que la depresión era la consecuencia de dirigir sus energías hacia dentro de sí. La depresión es lo opuesto a la expresión y, en realidad, ésta era la situación de Marta.
Como en el caso de la terapia de conducta, en la teoría de la terapia Gestalt no hay nada que la incline de forma tendenciosa a favor de un sexo, aunque, por supuesto, existe la posibilidad de que sí lo haga algún terapeuta concreto.
El hecho de evitar que Marta se centrase en lo que “no le iba bien”, la llevó á descubrir muchas posibilidades nuevas. Además de encontrar nuevos amigos, viajó a la India con una clase de antropología y redescubrió su antiguo interés por desplazarse en avión. Sin embargo, más importante que estos cambios concretos fue su descubrimiento de que la depresión era la consecuencia de dirigir sus energías hacia dentro de sí. La depresión es lo opuesto a la expresión y, en realidad, ésta era la situación de Marta.
Como en el caso de la terapia de conducta, en la teoría de la terapia Gestalt no hay nada que la incline de forma tendenciosa a favor de un sexo, aunque, por supuesto, existe la posibilidad de que sí lo haga algún terapeuta concreto.
EJERCICIOS
Un primer ejercicio sencillo: tratar de unir los nueve puntos de esta matriz con CUATRO LÍNEAS RECTAS. ¿Parece complicado? ¡Es muy sencillo!
|
Aquí está el segundo ejercicio: trate de formar cuatro triángulos EQUILÁTEROS empleando seis fósforos.
Y este, con algo más de ingenio: ¿cómo podría Ud. fijar una vela a la pared utilizando los materiales que se muestran en el diagrama: una caja de fósforos y algunas tachuelas?
Soluciones a los ejercicios Gestalt
Resolución de problemas con la psicología Gestalt: ejercicios
La dificultad en resolver estos problemas radica en la tendencia del sistema cognitivo a ordenar los datos percibidos con arreglo a su caudal de experiencia anterior, en aras de hacer más sencilla y fácil la comprensión de la situaci&
La dificultad en resolver estos problemas radica en la tendencia del sistema cognitivo a ordenar los datos percibidos con arreglo a su caudal de experiencia anterior, en aras de hacer más sencilla y fácil la comprensión de la situación. Pero en este caso la experiencia previa no sólo NO facilita, sino que obstaculiza la solución. Los elementos que integran cada problema poseen para la gente una fijación perceptiva o funcional.
Estamos acostumbrados a percibir una matriz de nueve puntos como un cuadrado, cuyos bordes no podemos traspasar. Por eso tratamos de que todas las líneas doblen en los límites externos del cuadrado sin considerar la posibilidad de extenderlas más allá, única forma de solucionar este problema.
Aquí nos pasa algo parecido: estamos fuertemente influidos por la idea de que los triángulos tienen que ser construidos en dos dimensiones, pero aplicando estrategias espaciales economizamos bastantes fósforos, construyendo una pirámide regular.
Aquí nos traicionan los conceptos de finalidad específica de cada objeto. Para nosotros las cajas de fósforos no sirven para mucho más que contenedores. Si vaciamos el recipiente de los fósforos y lo fijamos a la pared con una tachuela, obtenemos un singular candelabro, y sólo queda fijar sobre el mismo la vela derritiendo un poco de esperma de su base.
Esta fijación perceptiva es tan fuerte que, aún cuando a los sujetos se les proporcionen sugerencias relevantes para eliminarla (p. ej. sugerirles que el problema de los nueve puntos puede resolverse prolongando las líneas más allá del cuadrado), el rendimiento apenas mejora.
Todos los estudiosos de los fenómenos cognitivos que implican creatividad y flexibilidad mental han considerado estas cuestiones. Las personas son más capaces de hallar respuestas creativas a los problemas que implican análisis y reestructuración del conjunto de datos en la medida en que mayor sea su posibilidad de contemplar un número considerable de alternativas, y de liberarse de los estereotipos perceptuales que, involuntariamente, cargamos desde la infancia. Casi todo descubrimiento o invento sensacional en la Historia ha tenido lugar en el afortunado insight de una mente lúcida.
REFERENCIAS
http://crecimiento-personal.innatia.com/c-psicologia-gestalt/a-soluciones-gestalt.html
BIBLIOGRAFÍA
Ash, Mitchell G. «La psicología de la Gestalt en la Cultura
Weimar» Ficha Fac. Psicología UBA, Cátedra Lic. Vezzetti.
Braunstein,
Néstor y otros (1976) Psicología-Ideología
y Ciencia. México. Siglo XXI.
Corsi, Jorge «El
cuestionamiento del elementalismo asociacionista» Clase CBC-UBA Diccionario de Filosofta, Herder,
Barcelona (CD)
García de
Onrubia, L.F. «Epistemología de la Gestalttheorie» Ficha N.6 Fac. de Psicología
UBA.
García Morente,
Manuel (1952): Lecciones Preliminares de
Filosofía. Buenos Aires. Losada Guillaume, Paul (1976): Psicología de la Forma.Buenos Aires.
Psiqué.
Insúa, Jorge
(1970): Introducción a la Psicología
Médica. Argentina, Columbia.
Köhler, Wolfgang
(1972): Psicología de la Forma- Su tarea
y sus últimas experiencias. Madrid.
Biblioteca Nueva.
Sillamy, Norbert
(1976): Diccionario de Psicología. Barcelona.
Plaza & Janes S.A.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario